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19 de mayo de 2008

V El sueño feliz

5. No es un sueño amar a tu hermano como a ti mismo, ni tu relación santa es tampoco un sueño. Lo único que aún le queda del mundo de los sueños es que todavía es una relación especial. Mas le es muy útil al Espíritu Santo, Quien tiene una función especial aquí. Tu relación se convertirá en el sueño feliz a través del cual Él podrá derramar Su alegría sobre miles y miles de personas que creen que el amor es miedo y no felicidad. Deja que Él lleve a cabo la función que Él le asignó a tu relación al aceptarla en tu nombre, y no habrá nada que no contribuya a ella para que se convierta en lo que Él quiere que sea.

6. Cuando sientas que la santidad de tu relación se ve amenazada por algo, detente de inmediato y, a pesar del temor que puedas sentir, ofrécele al Espíritu Santo tu consentimiento para que Él cambie ese instante por el instante santo que preferirías tener. Él jamás dejará de complacer tu ruego. Pero no te olvides de que tu relación es una unidad, y, por lo tanto, es inevitable que cualquier cosa que suponga una amenaza para la paz de uno sea asimismo una amenaza para la paz del otro.
El poder de haberos unido a su bendición reside en el hecho de que ahora es imposible que tú o tu hermano podáis experimentar miedo por separado, o inten­tar lidiar con él por vuestra cuenta. Jamás pienses que eso es necesario o incluso posible. Pero de la misma manera en que es imposible, es imposible también que el instante santo le llegue a uno de vosotros y no al otro. Y os llegará a ambos a petición de cualquiera de los dos.

7. Él que esté más cuerdo de los dos en el momento en que se perciba la amenaza, debe recordar cuan profundo es su endeuda­miento con el otro y cuánta gratitud le debe, y alegrarse de poder pagar esa deuda brindando felicidad a ambos.

Que recuerde esto y diga:

Deseo que este sea un instante santo para mí, a fin de compartirlo con mi hermano, al que amo.

Es imposible que se me pueda conceder a mí sin él, o a él sin mí.

Pero nos es totalmente posible compartirlo ahora.

Elijo, por lo tanto, ofrecerle este instante al Espíritu Santo, para que Su Bendición pueda descender sobre nosotros y mantenernos a los dos en paz.

Extraido del libro "Un Curso de Milagros"

C: 18; V: 5, 6, 7

15 de febrero de 2008

VI La Ilusión de las necesidades

Todos los aspectos del miedo son falsos porque no existen en el nivel creativo y, por lo tanto, no existen en absoluto.
En la medida en que estés dispuesto a someter tus creencias a esta prueba, en esa misma medida quedarán corregidas tus percepciones.
En el Proceso de separar lo falso de lo verdadero, el milagro procede de acuerdo con lo siguiente:


El amor perfecto expulsa el miedo.

si hay miedo, es que no hay amor perfecto.

Mas:

Sólo el amor perfecto existe.

Si hay miedo.

Éste produce un estado que no existe.


Cree esto y srás libre. Sólo Dios puede establecer esta solución, y esta fe es Su don.

C: 1 VI: 5

10 de febrero de 2008

VI. La Visión de Cristo (final)

Cada Hijo de Dios es uno en Cristo porque su ser está en Cristo, al igual como el de Cristo está en Dios.
El Amor de Cristo por ti es Su Amor por su Padre, que Él conoce porque conoce el Amor de Su Padre por Él.
Cuando el Espíritu Santo te haya conducido finalmente hasta Cristo en el altar de Su Padre, la percepción se fundirá con el conocimiento porque se habrá vuelto tan santa que su trasferencia a la santidad será sencillamente su extensiónnatural.

El amor se transfiere al amor sin ninguna interferencia, pues ambos son uno.
A medide que percibas más y más elementos comunes en todas las situaciones, la transferencia del entrenamiento bajo la dirección del Espíritu Santo aumentará y se generalizará.
Aprenderas gradualmente a aplicarlo a todo el mundo y a todas las cosas, pues su aplicabilidad es universal.

Una vez que esto se logra, la percepción y el conocimiento se vuelven tan similares que comparten la unificación de las leyes de Dios.

Lo que es uno no puede ser percibido como separado, y negar la separación es restaurar el conocimiento.
En el altar de Dios, la santa percepción de Su Hijo se vuelve tan iluminada que la luz entra a raudales en ella y el Espíritu del Hijo de Dios refulge en la Mente del Padre y se vuelve uno con ella.

Con gran ternura Dios refulge sobre Sí Mismo, y ama la extensión de Sí Mismo que es Su Hijo.
El mundo deja de tener propósito a medida que se funde con el Propósito de Dios.
Pues el mundo real ha desaparecido sigilosamente en el Cielo, donde todo lo que es eterno ha existido siempre.

Allí Redentor y redimido se unen en su perfecto amor por Dios y en el amor perfecto que profesan el uno al otro.
El Cielo es tu hogar, y al estar en Dios tiene también que estar en ti.

C:12 :6 y 7

31 de enero de 2008

VI. La Visión de Cristo (3)

El Espíritu Santo mantiene a salvo la visión de Cristo para cada Hijo de Dios que duerme.
En su visión el Hijo de Dios es perfecto y Él anhela conpartir Su visión contigo.
El Espíritu Santo te mostrará el mundo real porque Dios te dio el Cielo.
A través del Espíritu Santo, tu Padre exhorta a su Hijo a recordar.
El despertar de Su Hijo da comienzo cuando él empieza a invertir en el mundo real, lo cual le permite apreder a re-invertir en sí mismo.
Pues la realidad es una con el Padre y con el Hijo, y el Espíritu Santo bendice el mundo real en el Nombre de Dios.

Cuando hayas visto el mundo real ( como sin duda lo verás ) te acordarás de nosotros.
Mas tienes que aprender el costo que supone estar dormido, y negarte a pagarlo.
Solo entonces decidirás despertar.
Y entonces el mundo real aparecerá ante tu vista, pues Cristo nunca ha estado dormido.
Cristo está esperando a que lo veas, pues Él nunca te ha perdido de vista.
Él contempla serenamente el mundo real, que desea compartir contigo porque sabe que su padre lo ama.
Y sabiendo esto, desea darte lo que es tuyo.
Él te aguarda en el altar del Padre en perfecta paz, ofreciendote el Amor del Padre en la serena luz de la bendición del Espíritu Santo.
Pues el Espíritu Santo conducirá a todo el mundo a su hogar y a su Padre, donde Cristo les espera como Su Ser.

28 de enero de 2008

VI. La Visión de Cristo (2)

Tú no deseas el mundo. Lo único de valor en él son aquellos aspectos que contemplas con amor.
Eso le confiere la única realidad que jamás tendrá.
Su valía no reside en sí mismo, pero la tuya se encuentra en ti.

De la misma forma en que tu propia estima procede de extenderte a ti mismo, de igual modo la percepción de tu propia estima procede de extender pensamientos amorosos hacia el exterior.

Haz que el mundo real sea real para ti, pues el mundo real es el regalo del Espíritu Santo, y, por lo tanto te pertenece.

La corrección es para todos aquellos que no pueden ver.
La misión del Espíritu Santo es abrirle los ojos a los ciegos, pues Él sabe que no han perdido su visión, sino que simplemente duermen.

El los despertara del sueño del olvido y los llevará al recuerdo de Dios.
Los ojos de Cristo están abiertos, y el contemplará con amor todo lo que veas si aceptas Su visión como tuya.

C:12:3,4.

27 de enero de 2008

VI. La Visión de Cristo (1)

El ego esta tratando de enseñarte como ganar el mundo y perder tu alma.

El espíritu Santo te enseña que no puedes perder tu alma y que no hay nada que ganar en el mundo, pues, de por sí, no da nada.

Invertir sin recibir beneficios es sin duda una manera segura de empobrecerte, y los gastos generales son muy altos.

No solo no recibes ningún beneficio de la inversión, sino que el costo es enorme.

Pues esta inversión te cuesta la realidad del mundo al negar la tuya, y no te da nada a cambio.

No puedes vender tu alma, pero puedes vender tu conciencia de ella.

No puedes percibir tu alma, y no la podrás conocer mientras percibas cualquier otra cosa como más valiosa.

El Espíritu Santo es tu fortaleza porque solo te conoce como espíritu. El es perfectamente consciente de que no te conoces a ti mismo y perfectamente consciente de como enseñarte a recordar lo que eres.

Puesto que te ama, te enseñara gustosamente lo que Él ama, pues su voluntad es compartirlo.
Dado que se acuerda de ti continuamente, no puede dejar que te olvides de tu valía.

Pues el Padre jamas cesa de mantener vivo en Él el recuerdo de Su Hijo y el Espíritu Santo jamas cesa de mantener vivo en el Hijo recuerdo de su Padre.

Dios está en tu memoria por causa de Él.
Tu decidiste olvidar a tu Padre, pero eso no es realmente lo que quieres hacer, y por lo tanto, puedes decidir de otra manera.

Y tal como yo decidí de otra manera, tu también puedes hacerlo.

C:12:1,2

20 de enero de 2008

SÓLO TÚ PUEDES PRIVARTE A TI MISMO DE ALGO

Sólo tú puedes privarte a ti mismo de algo. No resistas este hecho, pues es en verdad el comienzo de la iluminación.

Recuerda también que la negación de este simple hecho adopta muchas formas, y que debes aprender a reconocerlas y a oponerte a ellas sin excepción y con firmeza.

Este es un paso crucial en el proceso de re-despertar.

Las fases iniciales de esta inversión son con frecuencia bastante dolorosas, pues al dejar de echarle la culpa a lo que se encuentra afuera, existe una marcada tendencia a albergarla dentro.

Al principio es difícil darse cuenta de que esto es exactamente lo mismo, pues no hay diferencia entre lo que se encuentra adentro y lo que se encuentra afuera.

Un Curso de Milagros (11:4:4)

9 de enero de 2008

El instante Santo


Yo me encuentro dentro del instante santo tan claramente como tú quieres que lo esté.

Y el tiempo que tardes en aprender a aceptarme, sera el mismo tiempo que tardaras en hacer tuyo el instante santo.

Te exhorto a que hagas que el instante santo pase a ser tuyo de inmediato, pues liberar la mente del anfitrión de Dios de la pequeñez no depende del tiempo, sino de la buena voluntad que se tenga para ello.

C: 15:5


30 de diciembre de 2007

La Navidad...final

Ésta es la época en que muy pronto dará comienzo un nuevo año del calendario cristiano.
Tengo absoluta confianza en que lograras todo lo que te propongas hacer.
Nada te ha de faltar, y tu voluntad sera completar, no destruir.
Dile entonces a tu hermano:

Te entrego al Espíritu Santo como parte de mi mismo.
Se que te liberaras, a menos que quiera valerme de ti para aprisionarme a mi mismo.
En nombre de mi libertad elijo tu liberación porque reconozco que nos hemos de liberar juntos.

De esta forma damos comienzo al año con alegría y en libertad.
Es mucho lo que aún nos queda por hacer, y llevamos mucho retraso.
Acepta el instante santo con el nacimiento de este año, y ocupa tu lugar - por tanto tiempo vacante- en el Gran Despertar.
Haz que este año sea diferente al hacer que todo sea lo mismo.
Y permitete que todas tus relaciones te sean santificadas.

Esta es nuestra voluntad.
Amén.

27 de diciembre de 2007

La Navidad...4

En el instante santo se satisface la condición del amor, pues las mentes se unen sin la interferencia del cuerpo, y allí donde hay comunicación hay paz.
El Príncipe de la Paz nació para re-establecer la condición del amor, enseñando que la comunicación continúa sin interrupción aunque el cuerpo sea destruido, siempre y cuando no veas al cuerpo como el medio indispensable para la comunicación.
Y si entiendes esta lección, te darás cuenta de que sacrificar el cuerpo no es sacrificar nada, y que la comunicación que es algo que es solo propio de la mente, no puede ser sacrificada.

¿Donde está entonces el sacrificio?
Nací para enseñar la lección de que el sacrificio no esta en ninguna parte y de que el amor esta en todas partes, y esta es la lección que todavía quiero enseñarles a todos mis hermanos.

Pues la comunicación lo abarca todo, y en la paz que re-estableze, el amor viene por su propia voluntad.

No permitas que la desesperanza opaque la alegría de la Navidad, pues la hora de Cristo no tiene sentido si no va acompañada de alegría.
Unamonos en la celebración de la paz, no exigiendole a nadie ningún sacrificio, pues de esta manera me ofreces el amor que yo te ofrezco.

¿Que podría hacernos mas felices que percibir que no carecemos de nada?
Este es el mensaje de la hora de Cristo, que yo te doy para que tu lo puedas dar y se lo devuelvas al Padre, que me lo dio a mí.
Pues en la hora de Cristo se restablece la comunicación, y Él se une a nosotros para celebrar la creación de Su Hijo.

Dios le da las gracias al santo anfitrión que desee recibirle y le deje entrar y morar allí donde Él desea estar.
Y tú al darle la bienvenida, Él te acoge en si Mismo, pues lo que se encuentra en ti que le das la bienvenida, se le devuelve a Él.

Y nosotros no hacemos sino celebrar Su Plenitud cuando le damos la bienvenida dentro de nosotros.
Los que reciben al Padre son uno con Él, al ser los anfitriones de Aquel que los creo.
Y al abrirle las puertas, Su recuerdo llega con Él , y así recuerdan la única relación que jamás tuvieron y que jamás querrán tener.

26 de diciembre de 2007

Navidad...3

Mientras percibas el cuerpo como lo que constituye tu realidad, te percibiras a ti mismo como un ser solitario y desposeído.
Y te percibiras también como una víctima del sacrificio, y creerás que está justificado sacrificar a otros.
Pues, ¿quien podía rechazar al Cielo y a su Creador sin experimentar una sensación de sacrificio y de perdida?
¿Y quien podría ser objeto de sacrificios y perdidas sin tratar de rehacerse a si mismo?
No obstante, ¿como ibas a poder hacer esto por tu cuenta, cuando la base de tus intentos es que crees en la realidad de la privación?
Sentirse privado de algo engendra ataque, al ser la creencia de que el ataque esta justificado.
Y mientras prefieras conservar la privación, el ataque se vuelve salvación y el sacrificio amor.

Y así resulta que, en tu búsqueda de amor, vas en busca de sacrificio y lo encuentras.
Mas no encuentras amor.
Es imposible negar lo que es el amor y al mismo tiempo reconocerlo.
El significado del amor reside en aquello de lo que te desprendiste, lo cual no tiene significado aparte de ti.
Lo que prefieres conservar es lo que no tiene significado, mientras lo que quieres mantener alejado de ti encierra todo el significado del universo y lo conserva intacto dentro de su propio significado.
Si el universo no estuviese unido en ti, estaría separado de Dios, y estar sin Él es carecer de significado.

25 de diciembre de 2007

La Navidad... 2

Esta Navidad entrégale al Espíritu Santo todo lo que te hiere.
Permítete a ti mismo ser sanado completamente para que puedas unirte a Él en la curación, y celebremos juntos nuestra liberación liberando a todo el mundo junto con nosotros.
Inclúyelo todo, pues la liberación es total, y cuando la hayas aceptado junto conmigo la darás junto conmigo.
Todo dolor, sacrificio o pequeñez desaparecerá de nuestra relación, que es tan pura como la relación que tenemos con nuestro Padre, y tan poderosa.
Todo dolor que se traiga ante nuestra presencia desaparecerá, y sin dolor no puede haber sacrificio.
Y allí donde no hay sacrificio, allí está el amor.

Tú que crees que el sacrificio es amor debes aprender que el sacrificio no hace sino alejarnos del amor.
Pues el sacrificio conlleva culpabilidad tan inevitablemente como el amor brinda paz.
La culpabilidad es la condición que da lugar al sacrificio, de la misma manera en que la paz es la condición que te permite ser consciente de tu relación con Dios.
Mediante la culpabilidad excluyes a tu Padre y a tus hermanos de ti mismo.
Mediante la paz los invitas de nuevo al darte cuenta de que ellos se encuentran allí donde tú les pides que estén.
Lo que excluyes de ti mismo parece temible, pues lo imbuyes de temor y tratas de deshacerte de ello, si bien forma parte de ti.
¿Quien pude percibir parte de si mismo como despreciable, y al mismo tiempo vivir en paz consigo mismo?
¿Y quién puede tratar de resolver su "conflicto" interno entre el Cielo y el infierno expulsando al Cielo y dotándolo de los atributos del infierno, sin sentirse incompleto y solo?

( El 28 de julio de 1999 en la catequesis que impartió ante 8.000 fieles en el Vaticano, el Papa Juan Pablo II dijo:)

«Las imágenes con las que la Sagrada Escritura nos presenta el infierno deben ser rectamente interpretadas. Ellas indican la completa frustración y vacuidad de una vida sin Dios.

El infierno indica más que un lugar, la situación en la que llega a encontrarse quien libremente y definitivamente se aleja de Dios, fuente de vida y de alegría»



24 de diciembre de 2007

La Navidad como simbolo del fin del sacrificio 1

No temas reconocer que la idea del sacrificio no es sino tu propia invención, ni trates de protegerte a ti mismo buscando seguridad donde no la hay.

Tus hermanos y tu Padre se han vuelto muy temibles para ti.
Y estas dispuesto a regatear con ellos por unas cuantas relaciones especiales, en las que crees ver ciertos vestigios de seguridad.

No sigas tratando de mantener tus pensamientos separados del Pensamiento que se te ha dado.
Cuando aquellos se ponen al lado de Este y se perciben allí donde realmente se encuentran, elegir entre ellos no es más que un dulce despertar, tan simple como abrir los ojos a la luz del día cuando ya no tienes más sueño.

El símbolo de la Navidad es una estrella: una luz en la oscuridad.

No la veas como algo que se encuentra fuera de ti, si no como algo que refulge en el Cielo interno, y acéptala como la señal de que la hora de Cristo ha llegado.

Cristo llega sin exigir nada. No le exige a nadie ningún tipo de sacrificio. En su presencia la idea del sacrificio deja de tener significado, pues Él es Anfitrión de Dios.

Y tú no tienes más que invitar Aquel que ya se encuentra ahí, al reconocer que Su Anfitrión es Uno y que ningún pensamiento ajeno a Su Unicidad puede residir allí con Él.

El amor tiene que ser total para que se le pueda dar la bienvenida, pues la Presencia de la santidad es lo que crea la santidad que lo envuelve.

Ningún temor puede asaltar al Anfitrión que le abre los brazos a Dios en la hora de Cristo, pues el Anfitrión es tan santo como la Perfecta Inocencia a la que protege, y Cuyo poder a su vez lo protege a Él.

21 de diciembre de 2007

La decisión en favor de Dios

Siempre que no te sientes completamente dichoso es porque has reaccionado sin amor ante una de las creaciones de Dios. Al percibir eso como un pecado te pones a la defensiva porque preves un ataque.
Tú eres el que toma la decisión de reaccionar de esa manera, y, por lo tanto, la puedes revocar. No puedes revocarla arrepintiéndote en el sentido usual de la palabra porque eso implicaría culpabilidad. Si sucumbes al sentimiento de culpabilidad, reforzaras el error en vez de permitir que sea des-hecho.
Tomar esta decisión no puede ser algo difícil. Por lo tanto, el primer paso en el proceso de des-hacimiento es reconocer que decidiste equivocadamente a sabiendas, pero que con igual empeño puedes decidir de otra manera.

"Debo haber decidido equivocadamente por que no estoy en paz.
Yo mismo tome esa decisión, por lo tanto, puedo tomar otra.
Quiero tomar otra decisión porque deseo estar en paz.
No me siento culpable porque el Espíritu Santo, si se lo permito, anulara todas las consecuencias de mi decisión equivocada.
Elijo permitírselo, al dejar que Él decida en favor de Dios por mí."

Extraído del libro "Un Curso de Milagros"
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